La verdad es que no sé muy bien porqué empecé toda esta aventura.

Yo en el taller
Foto de @mjpablophotos

Quizás fuera el cansancio metódico en un trabajo fijo, sin creatividad, no vocacional. Quizás la necesidad de hacer un trabajo creativo, utilizando mis manos y lo aprendido a lo largo de gran parte mi vida. O tal vez la suma de las dos cosas.

La cuestión es que un día me decidí, me puse a pensar y a hacer lo que mejor se me da: lanzarme a lo loco a crear formas manchándome las manos con barro.

Sí, a lo loco, pero no de una manera caótica, sino con ganas, con ilusión. Todo esto suena a letra de canción pop, lo sé, pegadiza, facilona, predecible.

Pero hay algo que les pasa a algunas personas, y es la incontrolada necesidad de hacer, de trabajar con sus manos objetos creativos y personales. Muchas veces sin ningún fin en concreto, sin ambición, solo por el gusto de sentirse en un proyecto, un proyecto creativo que conecta con emociones y sensaciones.

Yo me encuentro entre esas personas, tal vez te ocurra a ti lo mismo y por eso estés por aquí buceando a ver que te encuentras.

¿Por qué no intentar hacer llegar lo que hago a otras personas?

¿Por qué no hacer de mi necesidad un medio de vida?

Huevos turquesas
Foto de @mjpablophotos

Y aquí estamos, diseñando objetos funcionales, otros decorativos, todos hechos a mano, únicos entre
ellos y en material cerámico.

Porque una cosa que caracteriza a Alababalà Studio es la reivindicación de la manufactura manual, del objeto personal y único, hecho con mimo.

Aquí, en Valencia, existe una expresión para dar a entender las cosas que se hacen a lo loco, sin pensar, de manera impulsiva, es: a la babalà.

De ahí viene el nombre de esta aventura: Alababalà Studio.

Así que aquí estamos, tu conociéndome y yo hablándote un poco de mí, así que encantada de conocerte. Por cierto, mi nombre es Rebeca.